Mientras se desgranan los 160 mil kilómetros de recorrido por 90 países, en más de 100 habrá actividades de todo tipo tendientes a concienciar a la gente sobre el peligro en que vivimos y exigir el desarme nuclear total; el retiro de las tropas invasoras de los territorios ocupados; la reducción progresiva y proporcional del armamento convencional; la firma de tratados de no agresión entre países y la renuncia de los gobiernos a utilizar las guerras como medio para resolver conflictos.
Para mañana están previstas actividades muy diversas en África, América, Asia, Europa y Oceanía. Van desde la colocación de pancartas en lugares claves de las ciudades -por ejemplo- a la realización de conciertos de rock, música clásica y folclórica, encuentros de colectividades, conferencias, eventos deportivos, culturales, sociales, musicales, artísticos, educativos, hasta grandes concentraciones humanas como la prevista en el estadio “Siles Suazo” de La Paz, Bolivia.

El objetivo de esos tres meses de actividad arraigada en miles de ciudades es generar una corriente de opinión que presione a los gobiernos para lograr el inmediato desarme nuclear y abra un debate sobre la violencia en sus distintas formas (económica, social, física, racial, religiosa, sexual, psicológica, etcétera).
Esta Marcha Mundial es una iniciativa de “Mundo sin Guerras y sin Violencia”, organismo del Movimiento Internacional Humanista; pero hoy se han sumado personalidades e instituciones muy diversas que llevan a cabo iniciativas descentralizadas. El número de adherentes a título personal ha superado ya el millón de personas y “la Marcha” sigue abierta a la participación de toda persona, organización, colectivo, grupo, partido político, empresa, etc. que comparta la sensibilidad de este proyecto.
Luis Ammann























